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PALANTIR, EL PELIGRO QUE ACECHA

por Roberto Candelaresi17 mayo, 202617 mayo, 2026Informes y Opinión, Política y Geopolítica

Breve historia del monstruo sabelotodo

PALANTIR TECHNOLOGIES es una de las empresas de software y análisis de macrodatos (big data) más influyentes y controvertidas del mundo, fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y otros. Su tecnología integra cantidades masivas de información y permite a los gobiernos y corporaciones realizar seguimientos, predicciones y modelados en tiempo real

Sus fundadores fueron Peter Thiel (cofundador de PayPal y financista global que adquirió recientemente una fastuosa mansión en Barrio Parque [Palermo Chico]), Alex Karp (CEO), Joe Lonsdale, Stephen Cohen y Nathan Gettings.

El propósito empresario se inspiró en PayPal, una plataforma de pagos y transacciones que había fundado Thiel junto a Elon Musk, durante el auge de las “.com”, y que, a finales de los ‘90 desarrolló – junto al ing. Max Levchin – el proyecto “IGOR”: algoritmos para detectar patrones de fraude y garantizar la seguridad transaccional en el anonimato de internet, resultando muy exitosa como herramienta para impedir ese delito en el ámbito del comercio electrónico. Tanto así que atrajo la atención del FBI, con quien PayPal comenzó a colaborar en investigaciones criminales, marcando un precedente para la tecnología de análisis.

Tras el derrumbe de las torres gemelas del 2001, el informe de la Comisión del 11-S [Comité Nacional Investigativo] identificó que los atentados fueron producto de un fallo en la integración de datos, debido a la falta de comunicación entre la CIA y el FBI.

Thiel vio en ese problema una oportunidad, por cuanto esta misma lógica de análisis de grandes volúmenes de datos dispares de su software [IGOR] para revelar patrones ocultos y amenazas, podía aplicarse a la inteligencia nacional y antiterrorismo. Reorientó el software para solucionar este problema de comunicación estatal, e inició gestiones para ofrecer la tecnología a los servicios de inteligencia de EE. UU., ya como nueva empresa en el 2003.

El primer éxito de capitalización fue en el 2005, cuando lograron interesar en primer lugar a la CIA, agencia que le proveyó el financiamiento temprano, a través de su brazo de inversión de capital riesgo conocido como In-Q-Tel. Además, a fin de interiorizarse de los modos de inteligencia y sus nudos, les permitieron trabajar directamente con agentes y analistas de la central de inteligencia, con lo que perfeccionaron sus propios programas de búsqueda, recolección e interconexiones. Daban soporte, a la vez que accedían a saberes de inteligencia nacional e internacional, que incorporaron. Por ello, se consolidó el despegue técnico junto al financiero simultáneamente.

Se enfocaron como objetivo inicial en desarrollar herramientas “a medida” para agencias de inteligencia y defensa de EE. UU. (como el FBI, CIA y NSA), para análisis de datos complejos y seguridad, sin comprometer inicialmente la privacidad.

Luego, en su evolución, de haber empezado muy ligada al sector defensa y a la inteligencia, PALANTIR se expandió al sector comercial, ofreciendo soluciones para detección de fraudes y análisis de datos en múltiples industrias. Actualmente, la corporación es reconocida por sus plataformas principales, como Palantir Gotham (usada por defensa e inteligencia) y Palantir Foundry (para el sector comercial).

En cuanto a su liderazgo, Peter Thiel, reclutó a su excompañero de Stanford, Alex Karp —un doctor en filosofía alemana y exalumno de Jürgen Habermas—, quien pasó de ser un progresista convencido a adoptar una visión del mundo cercana al conservadurismo de Thiel, ello le valió el ascenso a la cúspide, ya que, a pesar de no tener experiencia militar ni tecnológica previa, la junta directiva lo nombró como director ejecutivo por su profunda comprensión y pasión hacia la visión del proyecto, y ese fue el origen de su CEO actual.



Su intenso MANIFIESTO o declaración de principios, intenciones y programas

PALANTIR ha publicado un manifiesto que propone un modelo supremacista estadounidense basado en el control absoluto a través de la inteligencia artificial. Se trata de una visión ideológica y geopolítica, de seguridad global. No es una excentricidad, sino una declaración de intenciones: la tecnología no como instrumento, sino como infraestructura de poder. Es la expresión de su ambición: convertir el software en el soporte del poder político, económico y militar.


El documento de 22 puntos, resume las tesis que expusiera Alex Karp en su libro The Technological Republic (2022), y posiciona a la empresa como un actor estratégico clave , que, cuestionando –un verdadero desafío– la cultura de diversidad del Silicon Valley, le exige al mismo tiempo a ese centro de innovación, desarrollo tecnológico y alta tecnología, priorizar la defensa nacional y el desarrollo de software e IA militar, herramientas fundamentales para la disuasión, con el aporte ‘obligatorio’ de sus ingenieros, en estrecha colaboración con el Estado de la Unión [una alianza público-privada] con el fin último de la seguridad y la hegemonía occidental.


Aboga por la vigilancia total, el rearme de Alemania y Japón (como así también el europeo) para para contrarrestar a sus adversarios y reequilibrar la geopolítica, y la sustitución de la diplomacia por una hegemonía tecnológica, es decir, mediante la superioridad del software en la defensa estadounidense, sustituyendo estructuras burocráticas por ejecutivos corporativos, que asegurarían la superioridad bélica.


La declaración, avalada por Peter Thiel, equipara la inteligencia artificial con las armas nucleares, proponiendo una “tecnocracia” militarizada que priorice la competitividad y la seguridad mediante la vigilancia tecnológica (IA) por sobre la regulación ética y las consideraciones democráticas. La perspectiva cuestiona el pluralismo y defiende la supremacía cultural en un contexto de tensiones geopolíticas con Rusia y China.

En otros términos, discute el pacifismo, reivindica el poder duro, e impulsa un modelo imperialista basado en el desarrollo militar de la tecnología eficiente. Alex Karp reivindica las intervenciones militares recientes en Venezuela e Irán, como pruebas de un dominio total necesario frente a potencias rivales (sic).


Desde la filosofía política, se advierte que la empresa, prioriza la defensa de Occidente como entidad cultural sobre la democracia liberal, alineándose con la visión de Peter Thiel sobre la primacía del poder económico y militar. La compañía se autodefine como guardiana de Occidente, rechazando el pluralismo y restringiendo su tecnología a rivales estratégicos, afirmando su postura libertaria radical.

En la política doméstica, y respecto al Orden Social, reafirma que toda acción de seguridad, no es susceptible de cuestionamientos éticos, [tecno fascismo] abogando por el uso de la tecnología corporativa para erradicar el crimen violento, criticando el “pluralismo vacío”, de la democracia actual, con lo que intuimos descalifica la protesta social también.


La CORPORACIÓN en funciones preparando el «Cambio»
Sus funciones y alcances

Las operaciones de Palantir se dividen principalmente a través de sus plataformas centrales. Palantir Gotham es utilizada mayoritariamente por agencias de inteligencia y defensa para la lucha contra el terrorismo y la investigación de fraudes, integrando datos estructurados y no estructurados para facilitar la toma de decisiones en el campo de batalla.

Por otro lado, Palantir Foundry y Palantir Metropolis se enfocan en el sector comercial, permitiendo a bancos, fondos de cobertura y empresas de salud o retail gestionar ontologías de datos para optimizar sus operaciones y realizar análisis predictivos.

En el ámbito de la logística y la industria, sus herramientas son empleadas por compañías como Walgreens para gestionar flujos de trabajo en miles de tiendas, United Airlines para reducir retrasos operativos y Tampa General Hospital para infundir datos en el continuo de la atención médica.

Asimismo, en el área de defensa, Palantir ha desarrollado el sistema Maven Smart System y los camiones TITAN, diseñados para agilizar el proceso de detección y rastreo de objetivos militares mediante IA.

Un área crítica de su funcionamiento ha sido el apoyo a los operativos migratorios en Estados Unidos. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha utilizado herramientas de Palantir como Immigration OS y ELITE. Estas aplicaciones permiten rastrear “autodeportaciones” en tiempo real y cruzar registros judiciales y migratorios para localizar a extranjeros con órdenes de expulsión.

Hay quienes analizan el proyecto de «República tecnológica» del CEO Alex Karp, argumentando que bajo su discurso republicano moderado se despliega una estrategia de posliberalismo tecnológico, condensada en esa doctrina. A través de su método «land and expand», la empresa busca transformar al Estado en una filial de su infraestructura digital, vaciando la soberanía de su dimensión democrática.

La empresa no vende solo tecnología, vende una forma de organizar el mundo.

PALANTIR se ha consolidado como líder mundial en software de inteligencia artificial para seguridad, habiéndose convertido en un pilar de inteligencia para agencias de vigilancia e inteligencia estatal [CIA, FBI, NSA] fuerzas armadas y la localización de migrantes [ICE] en EEUU. Se destaca en la capacidad de procesar datos masivos para objetivos militares y de inteligencia.

La corporación ha consolidado su posición como proveedor clave de herramientas de análisis de datos para defensa y seguridad de EE.UU., participando en operaciones militares de alto perfil y en el desarrollo del sistema “Domo dorado”. A pesar de las críticas sobre el uso de su tecnología en posibles abusos y la velocidad de sus sistemas, la empresa sostiene que la responsabilidad ética recae en los clientes gubernamentales y no en el desarrollador.

Hay varios ejércitos occidentales que aplican en conflictos actuales, el software de PALANTIR (principalmente a través de sus plataformas Gotham, Foundry y el sistema operativo militar Vantage), y los expertos consideran que el software de Palantir es inigualable en complejidad y alcance para la inteligencia y seguridad militar, especialmente en las siguientes áreas: Selección de objetivos automatizada; Localización de objetivos; Integración de datos en tiempo real; Análisis predictivo de combate y Gestión logística y operativa. Hoy, en zonas de conflictos, apoyan a operaciones del Mossad israelí, e identifican objetivos en Irán.

Las autoridades civiles lo implementan en situaciones de crisis, convirtiéndolos en socios estratégicos.

Asimismo, la empresa sirve a clientes civiles como Airbus y Ferrari, defendiendo la necesidad de regulación gubernamental ante preocupaciones por el uso de su tecnología. Mantiene contratos estratégicos con los servicios de salud (NHS) y defensa del Reino Unido, el ya mencionado Mossad y las fuerzas armadas de Israel, las policías de Hesse y Baviera en Alemania, la inteligencia de Francia, y soporte directo en el frente de batalla en Ucrania.

Para cerrar este capítulo, digamos que el modelo de negocio de PALANTIR, se hace elocuente repasando su crecimiento. Despliegan una estrategia conocida como “Land and Expand”: consiste en ingresar a los organismos públicos con contratos modestos para luego anclar a sus ingenieros y volver el sistema dependiente de su software (vendor lock-in). Lo que se entrega no es solo un sistema, es capacidad operativa. Primero entra como proveedor. Después se convierte en indispensable. Finalmente, pasa a ser infraestructura.

Aristas ÉTICAS y otras CRÍTICAS

Si se trata de valorizar una organización o empresa desde un prisma ético y/o principista, no se puede soslayar previamente, una evaluación con el mismo filtro de sus númenes, que son los inspiradores e ideólogos; Peter Thiel y Alex Karp.

Conforme sus propias manifestaciones, es decir su discurso público y acciones o iniciativas, no es necesario descomponer la semántica para describir a ambos como sujetos “tecno-fascistas” que, sin legitimidad democrática, operan como decisores geopolíticos promoviendo una visión de choque de civilizaciones. Su rechazo a la ética en la IA y su llamado a una carrera armamentística occidental, parecen buscar justificar la venta de sus propios productos de defensa y vigilancia.

Alex Karp, el ya aludido director, promueve el «pos-liberalismo tecnológico», una estrategia que utiliza lenguaje republicano para reconfigurar el Estado estadounidense en una filial de su infraestructura digital, ciertamente con la posibilidad de replicarse en otros Estados aliados.

Juzgando a partir de sus operaciones reales y concretas, describimos a PALANTIR como una corporación de vigilancia y ciber-espionaje que, mediante herramientas de inteligencia artificial y análisis predictivo, opera como un “Estado dentro del Estado”, con potencial complicidad en violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, como los que ocurren en los teatros bélicos/de conflictos donde su tecnología es usada [Ucrania, Gaza, Líbano, Irán y el propio suelo estadounidense si consideramos los abusos y homicidios perpetrados por el ICE].

Con sus propuestas de rearme a las potencias del Eje, además de su intención de abrir “potentes mercados”, pretenden reconvertir [subvertir] el orden geopolítico de la posguerra.

El Manifiesto expedido por la propia corporación, que ya ha sido someramente tratado en un apartado precedente, propende a consolidar el dominio de los magnates tecnológicos, sobre las mayorías sociales, lo que amerita el rótulo de «tecnofeudalismo». Un tema que ya abordamos en otro artículo.

Cuando –como ya apuntamos– prioriza la seguridad sobre la regulación ética y garantías constitucionales, proponiendo el potencial uso de la tecnología en vigilancia masiva y control social, claramente podemos calificar a esta visión de «tecnofascismo» [una herramienta más del capitalismo, que sirve para cuidarlo y para extender su período de vida. Se caracteriza por un fuerte régimen de desigualdad donde el Estado, lo público, lo social y lo común es apropiado por minorías desde un sentido privativo y la estatalidad es reconvertida en un negocio, como dice el filósofo Rocco Carbone] y, en consecuencia; una amenaza a la democracia.

Al postular que las empresas privadas concentren poder de vigilancia y dicten agendas geopolíticas, erosionan la soberanía estatal, y, priorizando la eficiencia algorítmica sobre el pluralismo democrático, incurren en lo que se conoce como «tecnocesarismo» y autoritarismo tecnológico.

Pero la principal preocupación que debe motivar su crecimiento y poder, radica en al menos tres factores críticos que devienen de su capacidad de procesamiento y resultados:

A)- Vigilancia, identificación como “amenaza” y localización extrema, de cualquier individuo, en casi cualquier parte del mundo.
B)- Operaciones militares letales, selección y fijación de objetivos militares directamente en el campo de batalla (Uso actualmente en conflictos internacionales de alto impacto)
C)- Falta de control sobre los datos, el procesamiento y la interpretación automatizada de la información que los usuarios dejan al conectarse a internet, que queda en manos de una entidad corporativa con capacidades operativas similares a las de un Estado.

El uso de la fuerza y en escalada a una gran velocidad, dictado por un ‘software’, impide una verificación adecuada de los objetivos, y el riesgo de error es muy importante. Pero conforme a sus premisas, PALANTIR, delega la responsabilidad ética y normativa en sus clientes, pues argumentan que son los gobiernos que deciden los marcos de uso y quién toma las decisiones. Una clara maniobra evasiva sobre la responsabilidad por posibles abusos o incluso crímenes ejecutados con su tecnología.

En otro ámbito civil de acción, PALANTIR actúa como la plataforma clave para fusionar información federal, comercial y padrones electorales, permitiendo un perfilado político y un control de redes sin precedentes. Datos sensibles que pueden usarse para manipulación y/o intimidación a votantes vulnerables.

Justamente, el nuevo dispositivo de microtargeting electoral amenaza la democracia deliberativa al fragmentar el discurso público mediante anuncios personalizados, eliminando el debate informado y facilitando la manipulación sin rendición de cuentas.

Téngase en cuenta el precedente de Cambridge Analytica, vinculando a Palantir con la extracción de datos de Facebook, y evidenciando el riesgo de usar herramientas de vigilancia para influir en procesos electorales. En Argentina operaron en campaña anti kirchnerista, financiada por el macrismo [PRO + Cambiemos], como quedó patentizado en investigación pública del parlamento británico.

Cerrando este capítulo de controversias y dilemas éticos, señalemos que además del riesgo en las consecuencias que implica emplear programas que impiden una verificación humana significativa en las decisiones, la alerta debe encenderse porel componente de Autoritarismo de este modelo, que vacía la soberanía democrática para subordinar el Estado a una vigilancia corporativa (que la ciudadanía no eligió, ni menos autorizó).

Por ahora, y a pesar del rechazo político de sectores progresistas y defensores de los derechos civiles, el mercado financiero ha respaldado su expansión, consolidando la valoración de PALANTIR por encima de los 380,000 millones de dólares, y acaba de aterrizar en nuestro país.

ARGENTINA; ¿Blanco codiciado?

PALANTIR, ha comenzado a estrechar lazos con el Estado argentino y su sector tecnológico. La avanzada se consolidó tras la visita del cofundador Peter Thiel, quien ya se reunió con el presidente Javier Milei en Buenos Aires, demostrando el interés de la compañía en Argentina.

En principio conocemos el interés del presidente libertario sobre las tecnologías para el control social y la gestión estatal basada en datos, por lo que descontamos que la conversación giró –entre otros tópicos– sobre la posibilidad de “gobernar con datos cruzados”, un modelo que busca integrar las bases de datos de diversas dependencias públicas para anticipar amenazas y mejorar la eficiencia administrativa, temas sobre los que la senadora P. Bullrich suele también hacer foco. En concomitancia, señalemos que el Sr. Thiel considera el Humanismo como un enemigo de la eficiencia tecnológica.

No podemos dejar de citar en la contextualización de esa reunión, la vigencia del DNU 941/2025, que reforma la Ley de Inteligencia Nacional y crea la Agencia Federal de Ciberinteligencia (AFC), y, establece el marco normativo de la reestructuración; un “ecosistema” que encaja con las capacidades de las plataformas Gotham y AIP de PALANTIR para la centralización y análisis predictivo de información personal, proveniente de organismos como ANSES, AFIP y RENAPER.

La normativa adopta un enfoque de“contrainteligencia preventiva”. Esto implica habilitar el uso de inteligencia artificial para analizar predictivamente el comportamiento ciudadano y, así poder anticipar potenciales “amenazas”. De esta forma, los datos personales se transforman en herramientas para la vigilancia constante.

El decreto crea una infraestructura que permite mapear redes y clasificar a los individuos según sus objetivos políticos. Al vincular los datos federales con bases de datos económicas [comerciales] y electorales, el Estado adquiere la capacidad de identificar y segmentar con precisión a la población.

Tengamos presente que el multimillonario visitante, quien presenta un plan para redefinir la gestión estatal, sostiene una doctrina que considera a la libertad y la democracia como “incompatibles”.

En ámbitos gubernamentales como es público y notorio, existe una fuerte expectativa por la llegada de inversiones externas, especialmente en sectores vinculados a tecnología, energía e inteligencia artificial, lo que motivó una especial bienvenida al empresario en círculos oficiales.

Si a ello le sumamos, lo que se lee como una sintonía ideológica y económica entre ambos protagonistas, especialmente en torno a la defensa del libre mercado, la desregulación y el impulso al capital privado como motor del crecimiento, se puede colegir que el magnate analiza oportunidades concretas en el país, porque durante su visita (además de adquirir una importante propiedad residencial) desarrolló una agenda reservada que incluyó encuentros con funcionarios y referentes del círculo más cercano al presidente Milei.

Las facilidades impositivas y cambiarias que concede la actual administración al capital extranjero, sin duda ponen al país en el radar de la innovación global, por eso descontamos algún acuerdo de inversión en el sector tecnológico. No obstante, se verifica una falta de información pública suficiente sobre el eventual vínculo entre el Estado argentino y la empresa estadounidense, grave, toda vez que sus servicios – como hemos repasado – se dirigen a áreas sensibles como seguridad, inteligencia, migración y defensa.

Como se sabe, en un sistema democrático, cualquier contrato con empresas proveedoras de tecnologías de vigilancia [nunca son neutrales], debe realizarse con absoluta transparencia (y control); debate público informado y estrictas garantías de derechos humanos, premisas que el actual gobierno libertario no parece considerar siempre, como en este caso.

El contexto nacional actual, está marcado por la expansión de capacidades estatales de vigilancia, incluyendo sistemas de reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales, drones y herramientas de análisis predictivo. Si a ello se le agrega un sistema capaz de integrar y cruzar información proveniente de múltiples bases de datos —policiales, biométricas, migratorias, financieras y de redes sociales— para generar perfiles y apoyar procesos de toma de decisiones estatales, enfrentamos un problema serio de vulnerabilidad ciudadana.

Debería por lo menos, actualizarse la legislación sobre protección de datos personales y regular específicamente el uso estatal de tecnologías de vigilancia. Y, por otra parte, en nuestra opinión, se debe evitar tercerizar su management, es decir; delegar el control de datos estratégicos y la inteligencia a una corporación privada extranjera, connotada –además– por su opacidad.

CONCLUSIONES

Como dato de color, digamos que «PALANTIR» es un neologismo literario que significa piedra con la que se lee el futuro, de allí el nombre de esta corporación que pretende remedar su capacidad de anticipación. Sin embargo, en la saga de El Señor de los Anillos, donde aparece el vocablo, un palantír no revela la verdad. Muestra una realidad seleccionada, moldeada para manipular la percepción. Un nombre que parece ser inquietantemente preciso.

PALANTIR TECHNOLOGIES goza de un buen periodo económico, con récords en beneficios, y sumando globalmente contrataciones. Pero en principio, aparentemente su éxito no deviene de una tecnología superior, pues sus programas son replicables o equivalen a otros semejantes, pero el quid de su suceso radica en que no está éticamente restringido. Permite un acceso a sus sistemas y un uso sin control, fusionando en una única capa de inteligencia “indagable”, datos, registros, metadatos de todo tipo de fuentes; privadas y públicas.

Todo el mundo es susceptible de ser “buscado”, no solo sospechosos, testigos, víctimas, vecinos, comunidades enteras. Eso es sospecha industrializada (o indiscriminada). Una tal infraestructura de vigilancia es incompatible con la democracia, la cual requiere cierta ‘opacidad’ (privacidad) de sus ciudadanos: el derecho a disentir, a experimentar, a fracasar, a cambiar sin puntuación permanente.

Además, una vez que esta arquitectura está incrustada, los objetivos siempre se expanden. Los sistemas de vigilancia no se mantienen limitados. Metastatizan. Por otro lado, se pierde la soberanía de los datos, se tiene acceso desde una inteligencia extranjera, y el sistema se torna incontrolable («Estado dentro del Estado»). De este aprendizaje surgió el rechazo de algunos países europeos a seguir aplicando o contratar estos sistemas. Se trata de evitar la dependencia.

La soberanía digital es fundamental para salvaguardar la integridad democrática y la seguridad nacional frente a la dependencia tecnológica de empresas extranjeras con agendas geopolíticas propias. La Argentina debe desarrollar capacidades tecnológicas autónomas de infraestructura y gobernanza de datos, y así evitar instalar software extraño (tercerizado), para evitar riesgos de vigilancia algorítmica masiva y manipulación conductual sin control ciudadano.

El DNU 941/2025 habilita a proveedores foráneos a centralizar datos de argentinos, vulnerabilizando la soberanía digital (salvaguarda de la integridad democrática y el autogobierno del Estado Nacional), de lo contrario, la ciudadanía puede ser tratada como una variable de ajuste por dinámicas globales, por lo que debe ser –por lo menos– revisado en sus alcances. Y, atento al desembarco ya comentado de PALANTIR en el país, con sendas reuniones entre sus ejecutivos y altos funcionarios argentinos, sus plataformas pueden estar ya siendo introducidas (autorizadas) para operar interactuando con nuestras bases de datos.

El riesgo se potencia porque, manifiestamente, la corporación está alineada con los intereses geopolíticos de Estados Unidos, y, además vinculada con la CIA y la NSA, no puede ser fiable para los intereses nacionales. Habrá que estar atentos a la posible intervención de la reciente creada Agencia (AFC).

Existe una permeabilidad entre capacidades de vigilancia y fines políticos (microtargeting electoral, manipulaciones opacas que obstaculizan el intercambio colectivo de ideas, incremento de la polarización, etc.). Por otra parte, la empresa no vende un simple software, sino que transfiere decisiones soberanas de seguridad pública a algoritmos privados y opacos, estableciendo un «panóptico» con el supuesto fin de combatir el crimen y mantener el orden, con esa vigilancia predictiva.

La realidad, sin embargo, es que posibilita la persecución y represión de minorías, aquellos sectores de la población que sean percibidos y rotulados [v.gr.: construidos por el gobierno con su narrativa] como «peligrosos», por ejemplo, y, habilita la vigilancia algorítmica sin orden judicial previa, afectando a una garantía constitucional.

El control social ‘eficiente’ a través de un monitoreo constante tan anhelado por las derechas, que, sin control ciudadano o judicial vulnera los derechos humanos básicos de: libertad de expresión y opinión, de reunión y asociación, de tránsito, a la privacidad y a la intimidad, a la presunción de inocencia y al debido proceso y, el derecho a no sufrir discriminación, deben ser cuestionados, resistidos y rechazados por la ciudadanía que anhela la democracia. Claudicar en ese empeño es consensuar el despotismo que sobreviene siempre al autoritarismo como el actual.

Mayo 2026

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