La guerra en Oriente Medio encarece la energía, Estados Unidos y China profundizan en sus restricciones tecnológicas y Europa enfrenta las limitaciones de su autonomía estratégica. El reordenamiento mundial avanza entre negociaciones, conflictos y decisiones que también condicionan el futuro de Nuestra América.
Geopolítica mundial y nuevo orden internacional
El petróleo vuelve a superar los 110 dólares por barril: otro día más de negociación tensa entre Estados Unidos e Irán, y esto afectará al presupuesto argentino hasta bien entrado 2024.
La guerra de Estados Unidos, Israel e Irán se extendió este mes hasta el Golfo y la península arábiga cuando las fuerzas del grupo hutí lanzaron misiles contra instalaciones petroleras y el aeropuerto de Riad, Saudi Aramco y otros sitios de interés. Arabia Saudí logró mantener abiertas varias terminales, pero el temor al recrudecimiento de los ataques se está filtrando en el panorama financiero mundial.
Cabe destacar que los ataques a una región en guerra que está lejos de casa siguen siendo una preocupación para las inversiones globales, el comercio y los seguros. Los costes repercuten en algún lugar, ya sea en los beneficios de las empresas, en los impuestos que pagamos o en los precios de la canasta de compras, pero no afectan a todo el mundo por igual. La Argentina que importa productos y exporta materias primas probablemente se beneficiaría de algunos precios mundiales más altos, pero eso podría verse contrarrestado por otros, como el gasoil y el combustible de avión.
Tecnología: ¿llegará a nuestro lado del mundo?
La guerra tecnológica entre EE. UU. y China ha escalado este mes, pero quizá no de una manera tan importante. El Gobierno chino está considerando hacer públicas nuevas regulaciones para prohibir a algunas empresas la exportación de 40 tecnologías clave, incluidas las IA, los chips y los paneles solares. Sin embargo, todo aún debe someterse al proceso de consulta pública habitual antes de que entre en vigor.
La semana pasada, EE. UU. anunció que estaba imponiendo sanciones a cinco empresas chinas por supuestamente copiar software comercial de IA. Poco después, China condenó las sanciones de EE. UU. como «irrazonables» y afirmó que tomaría medidas de represalia. Los dos países consideran que las tecnologías que cada uno planea proteger son esenciales para sus economías. Cualquier cosa que importemos y que provenga de sistemas de propiedad china, desde chips para móviles hasta electricidad solar, podría verse ahora afectada.
Afortunadamente, hay una razón objetiva por la que algunos países, como el nuestro, podrían querer hacer lo mismo: hacer que la IA se adapte mejor a cada país particular o a su sistema productivo, y luego contar con opciones para las decisiones importantes.
En el ocaso de la guerra fría europea hay otro problema
Todo el mundo está debatiendo qué hacer respecto a Ucrania, pero pocos creen que las negociaciones sean una opción fácil. El primer ministro ucraniano y su presidente han tenido palabras duras el uno con el otro. Mientras tanto, el Pentágono está presionando a Kiev para que acepte un acuerdo de paz negociado por Washington y Moscú. Por su parte, en Bruselas, el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania ha afirmado que Europa apoyará a Ucrania «cada dólar» para defenderse de Rusia.
El objetivo final sigue siendo el mismo: Rusia quiere un acuerdo en el que se le reconozca la anexión de territorios, y Ucrania y sus aliados occidentales quieren que se le considere un país ocupante. Aunque algunos gobiernos europeos están dispuestos a pagar los costes de la defensa, Ucrania y su ejército tendrán que hacerse cargo de gran parte de este coste en términos de dinero, soldados y equipamiento.
Rusia está aprovechando su ventaja de poderío militar para negociar con Ucrania, pero cualquier solución duradera debe tener en cuenta las posiciones de sus aliados y rivales. Se están produciendo nuevos esfuerzos diplomáticos para involucrar a Moscú y Pekín. Un día así en octubre suele ser señal de que habrá más sesiones diplomáticas.
Brasil: una elección que impactará a toda Sudamérica
Una encuesta Quaest publicada el 21 de octubre muestra una segunda vuelta muy reñida entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva. Hay un empate técnico, con un 45 % y un 44 % de la intención de voto, respectivamente, con un margen de error de ±2 %.
Los resultados están aún más igualados con una elección muy cerrada. Todo depende de lo que signifique la victoria; a menudo los políticos son reacios a dar más a los demás en el futuro a menos que tengan que hacerlo. La Argentina debe mantener relaciones tanto con el próximo Gobierno central de Brasil como con sus socios regionales. Brasil es el principal socio comercial del Mercosur y forma parte de los BRICS, una alianza de economías emergentes, en la que los miembros buscan mayor acceso a los mercados mundiales y una mayor influencia económica y política.
Sin importar qué suceda en la segunda vuelta y quién sea elegido presidente, el nuevo Gobierno tendrá que negociar los acuerdos comerciales pendientes con Argentina y los socios comerciales ya existentes. Los resultados de la elección no solo pueden verse afectados por campañas electorales atractivas, sino también por factores como el funcionamiento del Congreso y el conjunto de impuestos que el nuevo presidente se vea obligado a pagar y que los brasileños ya no quieren.
Asechanzas
Un análisis macroeconómico sugiere que las grandes potencias probablemente seguirán utilizando una variedad de armas tecnológicas, comerciales y financieras para extorsionar con los acuerdos de sus socios y contratistas. Al mismo tiempo, sus propias defensas y ofensivas se volverán más caras, y lo que consideran un atajo para salvar las relaciones diplomáticas dejará de serlo.
Las nuevas sanciones tecnológicas probablemente socavarán el crecimiento a largo plazo en lugar de dar a EE. UU. o China una ventaja sustancial. Los ejemplos militares más antiguos también están empezando a mostrar su costo real para los contribuyentes y para el propio país, incluso si los acuerdos comerciales durarán mucho más de lo previsto. Todo el mundo está alzando la voz en una alianza para ganar una guerra, pero eso no siempre significa que puedan ganar una paz duradera.
Nuestra América no tiene otra opción que crear espacio. Nuestras economías poseen algunas de las herramientas que las alianzas globales han concedido en forma de granjas y minas. Eso nos permite hacer lo que hacemos, pero aún hay que construir más fabricas con el trabajo de nuestras gente, nuestras ideas y nuestra coordinación para que puedan tener valor. La soberanía logística también es necesaria para los asuntos que se toman desde arriba, por encima de la economía real.
Un nuevo orden mundial aún no tiene una forma definida, pero está claro que muchas personas y poderes están intentando reescribir la regla del ajedrez en el tablero para que se ajuste a sus intereses. Para Argentina, eso puede empezar simplemente por permitirnos tomar opciones que hagan que nuestro país sea más fuerte y menos vulnerable a las acciones de quienes no están en nuestra región ni comparten nuestra historia.

