EL MALESTAR SOCIAL COMO SUSTENTO DEL AUTORITARISMO DE DERECHA

Introducción

En las últimas décadas, América Latina y el mundo han asistido al surgimiento de liderazgos políticos de una “nueva derecha” que, lejos de ser marginales, cosechan amplios consensos populares. Los casos de Bukele, Bolsonaro, Kast, Fujimori y “nuestro” Milei, son los exponentes más visibles en la región. Todos ellos, ungidos por el voto ciudadano voluntario. Este escenario, que se repite allende las fronteras, funda nuestra hipótesis de que existen disparadores para ese vuelco a la derecha autoritaria por parte de la ciudadanía subcontinental, luego de experimentar épocas de bienestar con gobiernos populares progresistas.



Nos proponemos indagar someramente en el presente artículo, las condiciones estructurales, psicológicas y económicas que permiten que el malestar social – que a despecho de paliativos y algunos avances obtenidos en el pasado reciente – hoy se traduzca en el apoyo a proyectos que erosionan las instituciones democráticas.

Examinar, en definitiva, las causas inmediatas [circunstancias] que activan los rasgos autoritarios en la sociedad, y, asimismo, las que los potencian, siempre conforme nuestra conjetura que llamamos “el fenómeno del Consenso Autoritario”.



El fenómeno común

A pesar de ser crisis de naturaleza bastante diferente (inflación, estancamiento, alta pobreza sin desarrollo, inseguridad, extractivismo, etc.) los países afectados [conducidos por líderes de derecha con alto respaldo popular] comparten una misma estructura emocional y política que valida soluciones autoritarias y la pérdida de derechos.

El avance del autoritarismo no ocurre en el vacío; requiere un terreno previamente labrado por el desmantelamiento de las redes de seguridad colectiva. Tomando la tesis del economista Karl Polanyi, cuando el mercado desregulado destruye los lazos sociales (sindicatos, indemnizaciones, jubilaciones dignas), los individuos quedan expuestos a una incertidumbre total. Al sentirse solas frente a la adversidad, las sociedades buscan protección de manera urgente. Si los canales democráticos fallan en proveerla, la respuesta se vuelca hacia el autoritarismo.

En este escenario de vulnerabilidad por la desprotección económica que percibe el habitante medio, se conforma un terreno fértil para que emerja la psicología autoritaria. O más concretamente, donde se activan los rasgos de la “personalidad autoritaria”, estudiados por Theodor Adorno y otros investigadores en 1950, inmediata posguerra mundial, interesado el filósofo y su equipo, en desentrañar la experiencia del “pueblo culto” [sociedad democrática] cooptado por el fascismo, concretamente apuntando a los determinantes psicológicos y sociales del régimen y los prejuicios, que llevan a esa comunidad a aceptar la erosión de sus propias instituciones y garantías.



De sus hallazgos, se destacan tres rasgos que se activan políticamente durante las crisis [herramientas empleadas por el nazi fascismo]:

• La necesidad de un enemigo externo: Las crisis complejas y multicausales (inflación estructural, pandemia, devaluación o políticas contradictorias) se simplifican explicativamente bajo un culpable único con nombre visible (como “la casta”).

• La intolerancia a la ambigüedad: Se descartan los análisis profundos como la pobreza estructural, o las consecuencias socioeconómicas a largo plazo de la dictadura militar de 1976, en favor de narrativas binarias y moralistas (ej. “corrupto o gente de bien”, “preso o libre”).

• La deferencia automática hacia la fuerza: La ciudadanía acepta e incluso celebra que el poder estatal ejerza una dureza extrema e ilimitada sobre el enemigo «construido» por la autoridad, validando la suspensión de garantías constitucionales o la destrucción de agencias reguladoras tales como INADI, Vialidad, ANDIS, CRNT, Agricultura Familiar, etc. [minorías subsidiadas, marginados, manifestantes, movilizados, etc.].



Volviendo nuestra atención a los factores desencadenantes, podemos concluir que estas tendencias autoritarias no surgen de forma espontánea, sino que se activan cuando las crisis provocan el desmantelamiento de las redes de seguridad social y laboral, y la sociedad percibe contundentemente el deterioro social y económico.



Expliquemos:

Las reformas que se han producido al ‘amparo’ del llamado Consenso de Washington, regidas por medidas de austeridad, los ajustes exigidos por organismos internacionales (como el FMI), y las reformas de flexibilización laboral (como la ley de modernización laboral sancionada en febrero de 2026) modifican la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo.

Al debilitarse los sindicatos, las indemnizaciones y las jubilaciones, se destruyen los mecanismos colectivos que protegen a los ciudadanos ante la incertidumbre, dejando el terreno fructífero para que el malestar social se transforme en la aceptación de un liderazgo autoritario.

El ascenso de estos liderazgos no es un fenómeno espontáneo; responde a operaciones planificadas con método y recursos técnicos específicos.

El Método: Operación Digital

Ese escenario propicio para la nueva derecha, es a su vez reforzado con eficientes comunicaciones y algoritmos ad hoc de amplia difusión por todos los canales y redes posibles.


La estrategia en nuestro país: A través de estrategas digitales como Fernando Cerimedo (de frondoso currículum regional), se instrumentó el uso de miles de cuentas automatizadas para monitorear el humor social y diseminar campañas negativas incidiendo en el debate público al capitalizarlas. En concreto, así se detectó el deseo ciudadano de disrupción sistémica debido al pesimismo cotidiano.

Simbología de fuerza: La crisis económica se sintetizó en un símbolo elástico y potente: la motosierra. Esta narrativa y su uso performático, redujo un problema de raíces históricas profundas —como la transformación regresiva del ingreso heredada desde la última dictadura cívico-militar ya mencionada— a una lucha simplificada contra la dirigencia política, social y sindical tradicional, etiquetándola como «casta», a la vez que omitiendo de esa estigmatización a ciertos actores políticos convenientes [aliados].



Estructura de Propaganda Para-Estatal:
Investigaciones periodísticas denuncian el empleo de fondos públicos (¿SIDE?) y cuentas anónimas/bots dedicadas a amplificar los mensajes gubernamentales y acosar a la disidencia, configurando un manual de manipulación mediática imitado por otros países (como El Salvador, Ecuador o Colombia).

El despliegue táctico: Desmantelamiento de Protecciones
Existen mecanismos que viabilizan el autoritarismo cuando los mercados desarticulan el tejido social, tal como ocurre en la Argentina actual (u otros países libertarios en menor medida).



El economista Karl Polanyi desarrolló una teoría de la que nos apoyaremos para identificarlos.



• El factor de aislamiento: Las redes de seguridad colectiva (sindicatos, indemnizaciones, jubilaciones) evitan que el ciudadano enfrente las crisis en soledad. Al eliminarse estas protecciones, la incertidumbre social se transforma en una amenaza abstracta que los líderes autoritarios canalizan rápidamente señalando a un enemigo con nombre propio.

• La erosión democrática y captura institucional: No solo se desarman las coberturas económicas, sino también las herramientas democráticas para defenderlas. Por ejemplo, se restringe legalmente el derecho a la huelga. O, se gobierna a través de DNU que deroga leyes, a pesar de las prohibiciones constitucionales. El resultado más probable es que – al vaciarse las instituciones tradicionales–, la autoridad autocrática se erige como la única fuente de protección disponible a cambio de obediencia. Esto constituye una Paradoja Institucional.

Desgaste, control y supervivencia


Los liderazgos autoritarios y las corrientes de la nueva derecha tienen sus altibajos, triunfan, se consolidan, sufren derrotas parciales, o la «pendularidad» que caracteriza la política sudamericana, etc. Por todo ello, a lo largo del tiempo, se presentan contradicciones en la opinión pública, pueden contar con la aprobación al gobierno relativamente alta (por ej. 40 – 45%), y sin embargo crecer la responsabilización por una gestión deficiente en la economía ante la falta de “éxitos” evidentes.

Aún así, y pese a que su narrativa comience a desgastarse, el “ideario” permanece vigente para un nutrido sector de la población.



En algunos regímenes, la aprobación coexiste con la supresión de la crítica, persecución a periodistas y detención de activistas, sumado a disposiciones represivas de dudosa constitucionalidad, por lo que el «acuerdo» con el gobierno que reflejan las encuestas, puede estar influido por el temor social y ocultar el disenso.



La actualidad en Brasil (octubre 2026), por otro lado, nos demuestra que la corriente ultraderechista trasciende a su fundador y posee capacidad de transferencia de liderazgo y continuidad política personificada en Flavio Bolsonaro. ¿Podrá repetirse la experiencia en Argentina entre el dueto Milei – Bullrich?



La Encrucijada Actual: El “Golpe de Mercado” y los Límites de la Democracia cuando reina el Dios Mercado



La alternativa política a estas corrientes de derecha dura y pura, es decir, gobiernos progresistas, productivistas, populares distribucionistas, de izquierda en general, enfrentan una dificultad extraordinaria si se proponen revertir o desactivar estas dinámicas debido al debilitamiento estructural de los partidos políticos y los parlamentos.

El principal obstáculo para desactivar estas tendencias radica en lo que se denomina el “Golpe de Mercado”. A diferencia de los golpes militares del pasado, hoy los mercados globales disciplinan a las democracias desde afuera mediante la fuga de capitales, la presión cambiaria y la asfixia crediticia.



Cuando un gobierno democrático intenta regular al capital o redistribuir el ingreso, es severamente castigado por los mercados financieros [aplicando mecanismos de coerción económica]; si cede para evitar la crisis [siendo un fracaso institucional], pierde legitimidad popular y alimenta nuevamente el malestar social que nutre a la nueva derecha, conformando así un círculo vicioso.

En este caso, la soberanía democrática se mantiene en términos jurídicos (elecciones, parlamentos), pero los gobiernos pierden la capacidad material de ejecutar sus programas.


Ha de recordarse como precedente histórico el caso de Grecia en 2015, donde el partido Syriza —pese a ganar un referéndum con más del 60% de rechazo a la austeridad— se vio obligado a aplicar los ajustes de sus acreedores tras sufrir fugas de capitales y asfixia de liquidez. Este fenómeno demuestra que los mercados sin freno pueden neutralizar la voluntad democrática y forzar rumbos políticos sin la necesidad de ejecutar un golpe de Estado tradicional.

Conclusión

El avance de la nueva derecha y el autoritarismo no se explica únicamente por la eficacia comunicativa de sus líderes o por una supuesta vocación antidemocrática de los votantes. Radica en que la democracia ha perdido la capacidad material de proteger a la sociedad y de imponer límites al mercado.

Los partidos políticos se han debilitado y los parlamentos han quedado subordinados a las exigencias de los acreedores económicos. Por lo tanto, mitigar los rasgos autoritarios de la sociedad no consiste simplemente en derrotar electoralmente a un líder de turno.

El verdadero desafío estructural reside en si las instituciones democráticas pueden recuperar el control de las condiciones materiales y económicas. Mientras la vía democrática permanezca vaciada de poder real, la incertidumbre y la soledad de los ciudadanos seguirán encontrando en la construcción de un enemigo su forma más rápida y peligrosa de defensa.

Roberto Candelaresi

Politólogo. Lic. en Adm. Pública. Mg Defensa Nacional