«El corazón tiene razones que la razón no entiende» – Blaise Pascal

Para sorpresa de muchos, Flavio Bolsonaro obtuvo la mayor cantidad de votos emitidos este pasado domingo 4, y esa perplejidad tiene en realidad más que ver con miradas inexpertas o ligeras sobre el tema sociopolítico que enmarca las opciones electorales. En efecto, nosotros habíamos previsto que no le sería nada fácil al actual oficialismo, con un exitoso Lula a la cabeza, conseguir la continuidad de su gestión [Ver: https://agendaabierta.com/2026/10/america-bajo-presion-brasil-ee-uu-ia-y-soberania/].
Sin dudas, la preferencia electiva de los votantes se trata de un fenómeno multicausal. En el mejor de los casos, el proceso de decisión electoral es un complejo entramado psicológico de emociones y aspectos racionales que influyen en las decisiones del sufragio.
El voto siempre implica una opción, elegir algo es descartar a otras posibilidades. La influencia del medio de pertenencia (identidad), la secuela de crisis pasadas, el bombardeo informativo de las campañas y la infodemia que se padece [esta opción o el caos, o incertidumbre implantada, por ej.] en las sociedades complejas actuales, nos llevan a una movilización emocional [angustia, ansiedad y miedo], que impacta en la decisión de la coyuntura. Suele primar en esta, la identificación con algún candidato más que basarse en la lógica.
La emoción siempre nubla la razón. Pero también existen otros factores más estables [permanentes], de tipo cultural, económico o social, que resultan de interés politológico para sumar e interpretar las principales motivaciones determinantes (o condicionantes), que plasman tendencias generales de las voluntades (patentizadas en los resultados electorales). Conscientes de que mucho de lo elegido (votos) no es, necesariamente, lo querido desde un punto de vista racional.
¿Reencuentro con la ‘Humillación Social’?

Para intentar aproximarnos, nos parece óptimo recurrir a un gran conocedor de la sociedad brasileña, no solo por su pertenencia a ella, sino en su condición de sociólogo e investigador, el profesor Jessé Souza, autor –entre otros trabajos académicos– de la Teoría de la Desigualdad, de la cual emplearemos algunas de sus categorías en nuestro propio análisis de la sociedad actual, centrándonos en las clases trabajadoras o desposeídas del Brasil.

Por el alto porcentaje de votos obtenidos por el «bolsonaribelarismo», deducimos que una importante porción de aquellas categorías acompañó al líder ultraderechista. Alguien que, en su propuesta programática, no ofrece mejoras concretas para corregir las condiciones materiales de los que hoy menos tienen, por el contrario, se propone recortar gastos sociales disminuyendo asistencia a los más pobres. ¿Es acaso mera ignorancia lo que ciega su elección?
Acudiendo al trabajo de Souza, en su idea central, podemos adelantar una respuesta: el respaldo electoral de las clases bajas a líderes de extrema derecha en Brasil no se debe a la ignorancia, sino a una humillación social sistemática. La solución no radica en el asistencialismo tradicional, sino en la construcción horizontal de la dignidad a través de la conquista activa de derechos.

La clave interpretativa parece estar en estas dos categorías dicotómicas, que explicarían la percepción de la porción de la ciudadanía que espera alcanzar el desarrollo humano satisfactorio y –lo más importante–, sostenerlo en el tiempo: HUMILLACIÓN SOCIAL versus DIGNIDAD COLECTIVA.
La Humillación Social es sistémica en el régimen capitalista, muy especialmente desde una gestión neoliberal. Cuando se recibe ayuda (del Estado, de una institución privada o de la caridad) el sujeto recipiente se coloca en posición de sumisión respecto a quien la otorga.

Analizando en esta perspectiva, a partir de las manifestaciones [testimonios] populares, podemos destacar los siguientes puntos como relevantes que inciden en el voto del sector social aludido:
Las denuncias al sistema, la concientización ideológica y las mejoras puramente materiales son insuficientes si no abordan la necesidad de dignidad de la población. Por eso, fracasan las estrategias tradicionales.
Los programas sociales verticales y la “ayuda a los necesitados” perpetúan la desigualdad, ya que colocan al beneficiario en una posición de inferioridad respecto a quien “concede” como ya dijimos. Por ello, hoy en Brasil se empieza a criticar al asistencialismo.

La verdadera dignidad colectiva no se decreta; surge de la autoorganización y de luchas concretas (como los movimientos sindicales y de vivienda en el Brasil de los años 80). La construcción de la dignidad siempre es desde abajo.
La emancipación social solo se logra cuando las personas dejan de recibir caridad y comienzan a conquistar derechos, reconociéndose a sí mismas como actores políticos con poder de transformación. En ese caso estamos frente al ciudadano que se reconoce como sujeto político con capacidad de acción.
La Teología de la Prosperidad
Secundariamente, introducimos otro factor influyente a la hora del sufragio que nos parece significativo en la sociedad brasilera, y que, conforme a los relevamientos de opinión a boca de urna, plasmaron como sesgo de muchos votos hacia la derecha expresada por el Partido Liberal (PL) [bolsonarista], Progresistas (PP), Republicanos y União Brasil. Se trata de un fenómeno muy presente en Brasil, pero común a otros tantos países de la región: la difusión y crecimiento de las corrientes evangélicas que lograron penetrar virtualmente en todo el gran país, tanto que, esa opción religiosa incluye a un 40% de la sociedad, equiparándose con la feligresía católica, otrora ‘dominante’ entre creyentes.

Especial enfoque haremos en las mega iglesias neopentecostales, que desembarcaron regionalmente en las últimas décadas, fomentadas desde sus matrices de Estados Unidos, y que en la actualidad funcionan como un dispositivo avanzado de poder, tanto en Brasil, como en otros países de América Latina. Es conocido el padrinazgo que la CIA y el departamento de Estado le prodigan a estas religiones de nuevo cuño.
Existe una evidente alianza entre las iglesias pentecostales y la restauración conservadora en la región. Los pastores del nuevo protestantismo abogan por retroceder con todos los avances en materia de derechos civiles y humanos [derecha radical]. Estos nuevos credos medran con la decadencia de la Iglesia Católica siendo parte esencial de la prédica de la ultraderecha en favor del libre mercado y en contra de ciertos Derechos Humanos. Incluso, muchos pastores directamente se abocaron a la política [legisladores, ejecutivos municipales y provinciales] y, dada su magnitud, están transformando su práctica en la zona.

Sería incompleta esta introducción, si no dijéramos que las iglesias evangélicas movilizan ingentes fondos, parecen ser un superlativo negocio de la fe [«ética protestante» al fin de cuentas], lo que además de acrecentar sus patrimonios y finanzas, le permiten un avasallante despliegue propagandístico en defensa del neoliberalismo y su propia doctrina – concomitante – a través de sus medios.
Su penetración social fue programada, comenzaron por captar a comunidades de excluidos en los distintos países [inserción neocolonial], asociándose con movimientos anti política y de derecha que aprovechan el rechazo a los partidos políticos tradicionales y la baja credibilidad hacia la dirigencia. En base a esto, predican rechazar toda forma de participación ciudadana en la vida política, a aquellos fieles que se manifiesten tendientes al llamado «populismo» por el léxico ultraconservador.
Estas iglesias difunden un evangelio de la prosperidad, basándose en una doctrina religiosa que afirma que Dios premia la fe, la oración positiva y las donaciones financieras con bienestar económico, éxito material y salud física. Téngase presente a su vez, que la importancia que asigna a la propiedad y al éxito material encaja con los valores tradicionales y conservadores de los partidos políticos en los que se articulan las élites evangélicas.

Desde lo teológico, existiría un “Pacto transaccional” entre Dios y el creyente, quien debe aportar ofrendas económicas, para que aquél se la multiplique. La pobreza y la enfermedad son maldiciones que se rompen con la fe, pues riqueza y salud son “derechos”. Las palabras y los pensamientos, tendrían un poder mágico o espiritual para traer la abundancia, de allí las ‘confesiones’ públicas.
La TV, la radiofonía y últimamente las redes sociales, fueron los canales de difusión eficaces para su expansión global (hacia el otrora llamado 3er mundo).
En definitiva, resulta en una visión mercantil de Dios, como proveedor cósmico, y la fe en una transacción. Hay una culpabilización del pobre, atribuyendo la pobreza o la enfermedad a una falta de fe o a un pecado oculto del individuo, ignorando los contextos sociales [todo muy a tono con los principios neoliberales].
A diferencia de la teología tradicional, católica o protestante, ignora el sacrificio o el sufrimiento de fieles que santifica y sustituye la gracia por el materialismo.
Abordaje

Si de política, religión y poder se trata, lo conveniente es acudir a los conceptos del filósofo Michel Foucault —como el poder pastoral, la gubernamentalidad neoliberal y las tecnologías del yo—, para tratar de explicar – por ejemplo – estas instituciones logran que millones de personas se auto exploten voluntariamente y experimenten esa explotación no como opresión, sino como libertad y empoderamiento espiritual, y opten identificándose, al momento de sufragar, por propuestas libertarias que preconizan esos mismos principios.
El poder moderno no reprime desde afuera, sino que produce sujetos desde adentro. Las iglesias aplican cuatro herramientas específicas para moldear la mentalidad del fiel, que pasamos a sintetizar como sigue:
• Profesión de fe ritualizada: Los testimonios públicos animan a los creyentes a construir una narrativa donde la pobreza no se atribuye a las fallas del sistema económico (como los bajos salarios), sino a una «mentalidad de escasez» o a bloqueos espirituales personales.
• Control financiero constante [autoexamen]: Se anima a los creyentes a comparar su fe con sus cuentas bancarias. En caso de crisis financiera, esto se interpreta como una falta de fe, lo que desencadena una forma de autocontrol (autogestión) en la que el creyente decide voluntariamente, sin presión [coacción] externa, dar más dinero.
• El trabajador autónomo [empresario de sí mismo]: La fe se transforma en capital de inversión (los diezmos son la «semilla», la prosperidad la «cosecha»). Los pastores promueven la idea de que «Dios quiere socios, no empleados», aplicando así directamente la lógica del mercado neoliberal a la espiritualidad.
• El poder pastoral moderno: El pastor ya no guía al alma únicamente hacia la salvación eterna, sino también hacia el éxito individual, la competencia y la acumulación de riqueza. La pobreza deja de ser una injusticia social y se convierte en una «desviación del plan divino» que exige adaptación espiritual e individual, negando así cualquier intento de lucha colectiva.
Conclusión
Cuando el Estado toma el rol y la exclusiva responsabilidad de producir políticas públicas -incluso benéficas para las mayorías – con el expertise de sus burócratas, pero sin participación popular, produce una desmovilización que traduce también como una despolitización del asunto de que se trate. Peligroso en el sentido de habilitar a otras fuerzas opositoras, desde perspectivas (pseudo) meritocráticas [el conservadorismo y la derecha liberal], ataquen esos derechos como «privilegios», o, favorecer el abstencionismo por desinterés.

Por otro lado, la teología de la prosperidad no opera mediante el engaño burdo o la fuerza, sino mediante un sofisticado sistema de producción de subjetividad. Al internalizar estas lógicas, el creyente asume la responsabilidad total de su situación económica. De este modo, se cumple la premisa fundamental de Foucault: el poder más efectivo es aquel que logra que el individuo controle su propia conducta y desee su propia dominación.
Fácil para los pastores de estos templos es bajar línea adhiriendo a la candidatura de F. Bolsonaro, que, como su padre, expresan precisamente esta ideología capitalista y sistema de dominación social. Recordemos que ya tenían un importante bloque de representantes en las cámaras, que ahora se han visto reforzado para el próximo mandato.
La lección que nos deja esta experiencia, que puede potencialmente conducir a rumbos dolorosos para las mayorías y beneficios privilegiados para pocos, deteriorando la verdadera democracia, es tomar consciencia que los cambios significativos comienzan con un acto individual informado y reflexivo: el voto consciente y movilizado.

